lunes, 3 de agosto de 2009

Primera Leccion

IEM-442 Estado, Derecho y Género
Primera Lección: Desmitificando el Patriarcado
Lic. Pablo Zúñiga Morales


1. Cuando nos referimos a desmitificar, estamos partiendo de que existen poderosos mitos , o relatos que utilizamos cotidianamente – sin saber o sin darnos cuenta – como alternativa de explicación a preguntas sin respuesta (la creación de la tierra, la muerte, dios, etc.), o como realidades contrarias irreconciliables (vida / muerte); son relatos que nos proporcionan respuestas a las interrogantes o nos permiten reconciliar los polos opuestos y encontrar consuelo a nuestra angustia existencial. Para el caso concreto hablamos de mitos que explican la transición del matriarcado al patriarcado y la consolidación de éste último, como un poder hegemónico de lo masculino sobre lo femenino, que trasciende en la historia desde el neolítico (Siglos VIII al IV antes de Cristo).

2. Sostiene Franz Hinkelammert (Hacia una Crítica de la Razón Mítica. San José. CR. 2007) que: “en el mito griego del laberinto el héroe entra en el laberinto y encuentra de nuevo la salida, porque lleva consigo un hilo, que Ariadna le consiguió y que constantemente le permite saber cual ha sido su camino, por eso puede volver”. Sostiene el maestro Hinkelammert, que en el laberinto de la modernidad hace falta también este hilo de Ariadna para volver y conseguir desde afuera la orientación y seguir el camino; él propone caminar en la búsqueda de ese hilo de Ariadna y en este curso (Estado Derecho y Género) nosotros seguiremos su consejo, para intentar encontrar el camino en este laberinto de la sociedad patriarcal.

3. Pese a la naturaleza literaria del mito, su interpretación literaria no nos ayuda en la búsqueda que intentamos; los estudios antropológicos modernos sobre el mito, permiten una interpretación funcionalista del mismo (Malinowski): metodología que permite examinar para que se usan los mitos en la vida cotidiana (por ejemplo: como refuerzo de conductas, argumentos de autoridad, etc.); otras interpretaciones del mito pueden ser estructuralistas (Lévi-Strauss), estableciendo las relaciones de sus elementos contrarios; o también podemos recurrir a una interpretación simbólica del mito, (Jung) considerando que el elemento fundamental del mito es el símbolo, un elemento tangible pero cargado de una resonancia o significación que remite a contenidos arquetípicos de la psique humana. Para los efectos del trabajo que sigue, nos interesa revisar rápidamente los mitos del patriarcado desde la perspectiva antropológica o funcionalista de Malinowski aunque sin obviar su valor simbólico, constructor de arquetipos (Jung).

4. El mito griego de Pandora por ejemplo, que trata de la primera mujer de la tierra quien recibió todos los dones Divinos. Minerva le dio sus armas y Mercurio su astucia y atrevimiento; pero recibió también una caja y quiso saber lo que contenía; al abrirla se esparcieron por toda la tierra, los males contenidos en la caja. Estamos ante un mito que desacredita lo femenino y justifica el castigo patriarcal a una mujer (y por extensión a todas las mujeres) por una conducta moral inapropiada que permite considerarlas, como una desgracia para la humanidad; lo que justifica también la conculcación masculina de los derechos femeninos.

5. En el pensamiento judeo cristiano, al igual que Pandora, Eva carga con las culpas por el pecado original que heredó a toda la humanidad. Pero también, entre muchos otros ejemplos que se podrían citar, en el Antiguo Testamento se menciona reiteradamente a Ashtoret (con referencia a una diosa -femenina), pero la palabra es una derivación intencional del nombre Astarté y de la palabra judía boshet, que significa vergüenza, convirtiéndose en un genérico de la lengua hebrea que refiere a diosa pagana; es una idea que se repite para relacionar paganismo, culpa, etc., con la condición de la mujer, hasta llegar al Nuevo Testamento, donde la Diosa-Madre (sinónimo de lo femenino) ya ha desaparecido y los mitos empiezan a reflejar a la protagonista femenina, desempeñándose con una actitud secundaria, sumisa, obediente, asignándole además esos valores como propios de su naturaleza femenina, así como la monogamia y la fidelidad, la condición de amante y madre; y si rechaza este rol o pretende tomar posiciones reservadas a los hombres, es castigada.

6. Vale destacar la siguiente cita: "...También abundan los mitos patriarcales que defienden conductas discriminatorios de las diferencias sexuales y prestigian actitudes machistas, que exaltan y revalorizan las conductas por parte de los varones, denigradoras de la mujer y de la Diosa. Todo como estrategia modeladora que ejemplariza que las mujeres aceptan el sometimiento y subordinación masculina. A partir del patriarcado los mitos narraban que las mujeres se enamoraban de los héroes, pero a diferencia de los mitos anteriores, ellas ya no les imponían reglas, sino que se supeditaban totalmente a los intereses masculinos y ponían a su servicio sus conocimientos y dotes. Y mientras, sufrían sumisamente las infidelidad de su pareja, vejaciones, abandonos, maltratos..." Mitos que recuerdan el matriarcado. Francisca Martín-Cano y Salomé Katouviere. (http://es.geocities.com/culturaarcaica/3factoresalpatri.html. Citados por María Claudia Munévar. Transición al Patriarcado en los mitos cosmogónicos chibchas. Medellín. 2007).

7. Sin embargo tales mitos no son exclusivos de la cultura occidental, sino que son propios de casi todas las tradiciones; están presentes en la cosmogonía de los pueblos originarios de América; un ejemplo es el de la diosa Bachué de la tradición Chibcha (Colombia), mito en el que encontramos “elementos que nos permiten comprender cómo a partir del caos de lo inconsciente, emerge la conciencia, a partir de su propio poder autogenerador y de la necesidad de una relación entre los principios femenino y masculino. También nos muestra la forma en que la conciencia emergente, representada en lo masculino, dejó de lado el poder creativo de lo femenino. En esencia, el relato representa el paso de una sociedad matriarcal a una sociedad patriarcal, en la que el predominio de lo masculino perdió contacto con el principio femenino, en aspectos que fueron asumidos como sombríos. La consecuencia es que este proceso de cambio apartará al ser humano de sus aspectos más instintivos”. (María Claudia Munévar. Transición al Patriarcado en los mitos cosmogónicos Chibchas. Medellín. 2007).

8. Pues bien, revisado el significado y la función de algunos pocos mitos, entre muchos por los que se justifica en la historia, el tránsito de una sociedad matriarcal a una sociedad patriarcal y sus consecuencias, cabe preguntarse si ¿efectivamente este tránsito tuvo lugar y en que momento de la historia humana?

9. Hay un momento de la historia donde las mujeres se convierten en objetos y pasan a ser consideradas simplemente como reproductoras, acompañantes o apoyo no visible del hombre. Fue con el surgimiento de la agricultura (entre el 7000 y 4000 aC., según la cultura de que trate) momento en que la humanidad pasó del paleolítico (edad de piedra) al neolítico (edad de la agricultura), abandonando la vida nómada; las comunidades humanas se volvieron sedentarias, de cazadores pasaron a recolectores y entonces las mujeres deben parir muchos hijos (mano de obra) que se requiere para trabajar la tierra y defender el territorio. El hombre se convierte en agricultor, proveedor y protector y busca mujeres que le puedan dar muchos hijos y que también le puedan ayudar en las labores del campo o con los animales que está aprendiendo a domesticar.

10. Por esta circunstancia histórica, el hombre se otorga el derecho de mandar, lo que se impone originalmente por las condiciones concretas antes indicadas, pero que con el tiempo y los mitos se justifica como una superioridad biológica del hombre; como resultado se consolida una dominación psicológica y sexual de lo masculino sobre lo femenino que garantiza su control social de la mujer.

11. Asistimos así al surgimiento del patriarcado, (palabra de origen griego que significa mandar y tiene relación con los conceptos de patria y familia); para garantizar ese control social masculino, además de los mitos que hacen de esta condición de inferioridad femenina un arquetipo, se separa el sexo del afecto: los hombres hacen frígidas a las mujeres que toman por esposas y para sentir placer acuden a las mujeres “inferiores”, antiguamente esclavas y hoy prostitutas.

12. Siguiendo literalmente a Marta Fontenla, citada en el DICCIONARIO DE ESTUDIOS DE GÉNERO Y FEMINISMO. Editorial Biblos -2008: “En su sentido literal (PATRIARCADO) significa gobierno de los padres. Históricamente el término ha sido utilizado para designar un tipo de organización social en el que la autoridad la ejerce el varón jefe de familia, dueño del patrimonio, del que formaban parte los hijos, la esposa, los esclavos y los bienes. La familia es, claro está, una de las instituciones básicas de este orden social. (…)

13. (…) Los debates sobre el patriarcado tuvieron lugar en distintas épocas históricas, y fueron retomados en el siglo XX por el movimiento feminista de los años sesenta en la búsqueda de una explicación que diera cuenta de la situación de opresión y dominación de las mujeres y posibilitaran su liberación. Las feministas han analizado y teorizado sobre las diferentes expresiones que ha ido adoptando a largo de la HISTORIA y las distintas geografías, estructurándose en instituciones de la vida publica y privada, desde la familia al conjunto de la social. También fueron definiendo los contenidos ideológicos, económicos y políticos del concepto que, conforme a Carol Pateman (1988), es el único que se refiere específicamente a la sujeción de las mujeres y singulariza la forma del derecho político que los varones ejercen en virtud de ser varones. (…)

14. (…) En los relatos sobre el origen o la creación de los sistemas de organización social y política, del mundo público y privado, hallamos historias conjeturales, considerando algunas que la sociedad emerge de la FAMILIA patriarcal, o las más actuales, que se origina en el contrato. El PODER en el patriarcado puede tener origen divino, familiar o fundarse en el acuerdo de voluntades, pero en todos estos modelos, el dominio de los varones sobre las mujeres se mantiene. (…)

15. (…) Gerda Lerner (1986) lo ha definido en sentido amplio, como “la manifestación e institucionalización del dominio masculino sobre las mujeres y niños/as de la familia y la ampliación de ese dominio sobre las mujeres en la sociedad en general”. Sus investigaciones se remontan a la Mesopotamia, entre los años 6.000 y 3.000 A.C. “En la sociedad mesopotámica, como en otras partes, el dominio patriarcal sobre la familia adoptó multiplicidad de formas: la autoridad absoluta del hombre sobre los niños, la autoridad sobre la esposa y el concubinato”. (…)

16. (…) María Milagros Rivera Garretas, señala como estructuras fundamentales del patriarcado las relaciones sociales de parentesco y dos instituciones muy importantes para la vida de las mujeres, la heterosexualidad obligatoria y el contrato sexual. La institución de la heterosexualidad obligatoria es necesaria para la continuidad del patriarcado, ya que expresa la obligatoriedad de la convivencia entre varones y mujeres en tasas de masculinidad/feminidad numéricamente equilibradas. Junto con estas dos categorías se encuentra la política sexual o relaciones de poder que se han establecido entre varones y mujeres, sin más razón que el sexo y que regulan todas las relaciones. (…)

17. (…) En el patriarcado no todas las relaciones son familiares, por tanto no se puede entenderlo literalmente sino a riesgo de dejar fuera las demás instituciones sociales que realmente comprende. La forma de entenderlo como poder de los padres, llega hasta la modernidad, donde el ascenso de una nueva clase, la burguesía, necesita dar otro fundamento al ejercicio del poder para adaptarlo a los cambios producidos. Este nuevo fundamento es el pacto o acuerdo social, mediante el cual se organiza el patriarcado moderno. (…) Con la formación de los Estados modernos, el poder de vida y muerte sobre los demás miembros de su familia pasa de manos del pater familias al Estado, que garantiza principalmente a través de la ley (o el derecho) y la economía, la sujeción de las mujeres al padre, al marido y a los varones en general, impidiendo su constitución como sujetos políticos. (…)

18. (…) Las teorizaciones sobre el patriarcado fueron esenciales para el desarrollo de las distintas corrientes del feminismo, en sus versiones radical, marxista y materialista, entre otras. Desde los primeros trabajos de Kate Millet (1969), para el feminismo radical la sexualidad de las mujeres se considera prioritaria en la constitución del patriarcado. La autora con el término, se refiere a las relaciones sexuales como relaciones políticas, a través de las cuales los varones dominan a las mujeres. Shulamit Firestone (1976) postula como base de la opresión social de las mujeres, su capacidad reproductiva. Anna Jonásdottir plantea el problema básico de este sistema como: “una cuestión de lucha de poder socio–sexual específica, una lucha sobre las condiciones políticas del amor sexual”. Sigue a Millet y a Firestone al centrarse en la sexualidad y el amor al “cuestionar la forma presente de heterosexualidad dominada por el hombre y las articulaciones del poder sexista en la sociedad moderna en general” (Jonásdottir 1993). Otras corrientes consideran que las relaciones de reproducción generan un sistema de clases sexual, que se basa en la apropiación y el control de la capacidad reproductiva de las mujeres, y que existe paralelamente al sistema de clases económico basado en las relaciones de producción. Dentro del denominado feminismo materialista, Lidia Falcón considera a las mujeres como clase social y económica, siendo los padres–maridos quienes controlan el cuerpo femenino y se apropian del trabajo productivo y reproductivo de aquellas. Por su parte, Christine Delphy afirma la existencia de una “relación de producción entre marido y mujer en la familia nuclear moderna, consistente en la relación de una persona o jefe, cuya producción se integra al circuito mercantil, con otra que le está subordinada, porque su producción, que no se integra a ese circuito, es convertida en algo invisible”. En virtud del matrimonio y del trabajo doméstico gratuito, las mujeres comparten una posición común de clase social de género. En la línea del feminismo marxista, una de sus exponentes más importantes, Heidi Hartmann (1981) sostiene la teoría de los sistemas duales definiendo el patriarcado “como un conjunto de relaciones sociales entre los hombres que tienen una base material, y aunque son jerárquicas, crean o establecen interdependencia y solidaridad entre ellos que los capacitan para dominar a las mujeres”. No es sólo el sistema, sino los varones como tales quienes oprimen a las mujeres. La restricción de su sexualidad, junto al matrimonio heterosexual, como formas de control sobre la fuerza de trabajo de las mujeres son elementos cruciales del patriarcado, que no descansa sólo en la en la familia, sino en todas las estructuras que posibilitan este control. Para Audre Lorde (2003) las mujeres están expuestas a distintos grados y tipos de opresión patriarcal, algunas comunes a todas y otras no. En la América conquistada por los españoles, la subordinación de las mujeres se consolida especialmente a través de las Leyes de Partidas, la familia patriarcal y la influencia y poder de la Iglesia católica, continuándose en las leyes de los Estados–Nación que se van constituyendo a lo largo del siglo XIX. (…)

19. (…) En términos generales el patriarcado puede definirse como un sistema de relaciones sociales sexo–politicas basadas en diferentes instituciones públicas y privadas y en la solidaridad interclases e intragénero instaurado por los varones, quienes como grupo social y en forma individual y colectiva, oprimen a las mujeres también en forma individual y colectiva y se apropian de su fuerza productiva y reproductiva, de sus cuerpos y sus productos, ya sea con medios pacíficos o mediante el uso de la violencia. (…).

20. (…) Los estudios feministas sobre el patriarcado, y la constatación de que se trata de una construcción histórica y social, señalan las posibilidades de cambiarlo por un modelo social justo e igualitario (…) Proceso al que el feminismo militante y académico se ha avocado con gran éxito, aunque en una lucha muy difícil y sacrificada, cuyo final no esta a la vista. Al análisis de esos temas (Luchas feministas y la teoría de género) se dedicará la próxima lección, incluyendo el análisis del papel del Estado y del Derecho en la consolidación del mito que sostiene el poder patriarcal, partiendo de la Revolución Francesa (1793-1795).

No hay comentarios: